En el Laboratorio de
Patología Vascular Cerebral del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía
Manuel Velasco Suárez (INNNMVS), la doctora en ciencias bioquímicas Perla
Maldonado Jiménez estudia el efecto del ajo envejecido y su principal compuesto
(la S-alil cisteína) para ofrecer una alternativa terapéutica que atenúe las
secuelas que se presentan en los sobrevivientes de un infarto cerebral.
Según la Organización
Mundial de la Salud (OMS), sólo en 2015 ocurrieron 15 millones de defunciones
en todo el mundo por infarto cerebrovascular, una de las principales causas de
muerte a nivel mundial. En México representa la cuarta causa de muerte, la
primera causa de discapacidad y la segunda en demencia.
Las secuelas del
infarto cerebrovascular varían, las principales son: falta de movilidad de
miembros superiores e inferiores y dificultad para hablar.
Hay varios factores de
riesgo asociados a esta enfermedad, la hipertensión es uno de los más
importantes, los fumadores pasivos y activos son susceptibles a presentar un
infarto cerebral, las personas con diabetes, enfermedades coronarias, sobrepeso
y obesidad. Los valores de colesterol por arriba de los 200 representan otro
factor de riesgo.
Un infarto cerebral
ocurre por una disminución brusca del aporte sanguíneo al cerebro. Es de tipo
isquémica y se produce cuando alguna arteria es obstruida, lo que reduce o
interrumpe el flujo de sangre en alguna región cerebral, desatando una pérdida
de células de forma irreversible con lesión destructiva localizada. La causa
más común de este tipo de infarto es la formación de coágulos de sangre.

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